27 de octubre de 2021

Transformando tu realidad con Arte, Cultura, Historia y Tradición

Mujer insumisa: Pita Amor

La creatividad femenina a lo largo de los tiempos ha tenido variaciones y se ha pretendido desconocerla, incluso algunos afirman que nunca ha existido o que no es necesaria en el mundo. La voz de las mujeres se ha pretendido silenciarla, sin embargo en todos los ámbitos del arte y la ciencia las mujeres han aportado y continúan trabajando para lograr una sociedad más igualitaria y justa. En cada época, en cada generación surgen mujeres que se destacan por su audacia, talento y  sus grandes capacidades.  La lista es inmensa, por ejemplo la inigualable Guadalupe Amor (1912-2000)  también conocida como Pita Amor. La obra poética de Pita Amor es intensa y profunda; intensa, porque surge de las emociones y los sentimientos de la esencia humana. ¿Quién no ha sentido la pasión dolorosa que incita el ser amado? Es profunda en su reflexión al cuestionar la finitud de la vida y sus conflictos que todo ser en un momento crucial de su vida enfrenta. A Guadalupe Amor se le ha considerado una de las figuras más originales del mundo literario mexicano, poeta exquisita y narradora, cuyos relatos son de soledad, ternura y sarcasmo y una concepción de la vida sin concesiones.[1]

En su poemario Yo soy mi casa, Pita Amor nos refiere ese espacio como el refugio fundamental para crear y para sentir. Es un cosmos particular donde surge de forma dolorosa pero también placentera. La casa como una metáfora de su propia existencia:

Me estoy volcando hacia fuera

y ahogándome estoy por dentro.

El mundo es sólo una esfera,

y es al mundo al que pidiera

totalidad, que no encuentro.

Fue una mujer de gran carácter, su honestidad al decir lo que sentía y pensaba le generó amistades y detractores, no obstante el talento y presencia de esta poeta trascendió con su aportación al mundo de las letras. Fueron largos y sentidas sus obras: Puerta obstinada, Círculo de angustia, Polvo, Décimas a Dios, Todos los siglos del mundo, “Sirviéndole a Dios de hoguera” y “Soy dueña del universo” En la construcción de sus poemas se muestra el conocimiento que tuvo de las tradiciones literarias clásicas como el soneto y la décima, la lira y los cuartetos. En su técnica discursiva aparece en primera persona. Sus figuras retóricas son sencillas, prefiere el ritmo y la rima. Guadalupe Amor, como todo ser humano atravesó por momentos plenos de felicidad, así como situaciones graves. La muerte de su único hijo a la edad de dos años le impactó tanto que la silenció por un  buen tiempo.

A pesar de su tragedia personal que trastornó su personalidad, continuó creando y participando en evento culturales con su voz y sus poemas. El tema del polvo como objeto poético es una representación de la vulnerabilidad de la vida. No es vano la frase que cita al inicio del poemario: “…y en polvo te convertirás”. (Génesis, capítulo3, versículo 19)

IX

A un doble polvo enemigo
mi rostro está sentenciado:
al uno nació ya atado;
del otro busca el abrigo.
Dos muertes lleva consigo:
una alegre, otra sombría;
aquélla siempre varía,
ésta sin moverse espera.
Si una es ya mi calavera,
la otra es mi máscara fría.[2]

No cabe duda que los seres humanos somos complejos e incluso paradójicos. Sabemos que la existencia no es un camino recto, siempre lleva en su transcurrir vericuetos y la vida de Pita  Amor surcó por senderos complicados. Su andar fue extravagante y lleno de contrastes. Se puede señalar que ella vivió y gozó  hasta donde le permitió la cordura y la sinrazón. Dueña de un talento peculiar, todo lo pensaba en verso. Su discurso cotidiano lo emitía con feracidad poética. No obstante ya en su vejez y el deterioro de sus facultades, generó que destacara ante quienes se topaban con ella, pero no dejaba de impactar, incluso  su quebrantada imagen. Pita Amor fue una mujer insumisa, rebelde que no dudó en ser ella y avanzar sin temor en lograr sus sueños. Precursora por su actitud liberadora en el ámbito personal y cultural de los años cincuenta. Murió a la edad de 88 años.


[1] Como bien lo señala Sara Sefchovich en su libro: A cielo completo. Mujeres escribiendo, leyendo. Océano, México, 2015. P.123.

[2] Guadalupe Amor, Poesías completas, (1946-1951) Lecturas Mexicanas, México, 1991.